Pulgarcito

Hace mucho tiempo, vivía un pobre campesino y su esposa, juntos lamentándose el no poder tener hijos. El campesino dijo:

"Qué triste es no tener hijos, ¿verdad querida?. En nuestra casa siempre hay silencio, mientras que en los demás hogares, hay ameno bullicio y alegría por aquellos preciosos niños."

"Si esposo mio." - Contestó la mujer con un suspiro. - "Si al menos tuviéramos un bebé, aunque sea pequeñito no mayor que el pulgar, seríamos muy felices, y lo querríamos con todo nuestro corazón."

Al poco tiempo, tras unos siete meses, dio a luz a un niño aparentemente normal en todo, sin embargo, no era más grande que un dedo pulgar. Ambos padres, se dijeron:

"Es como lo habíamos deseado. Este bebé, será nuestro hijo querido."

Y así, gracias a su tamaño, lo llamaron Pulgarcito.

Conforme pasaban los años, los padres nunca le limitaron su comida, pero, el niño no creció, y quedó tan pequeño, como lo era al momento de nacer. Pulgarcito, tenía una mirada inteligente y no tardo mucho en dar muestras de ser un niño muy listo y hábil, al que le salía bien cualquier cosa que se proponga.

Un día, el Campesino se preparaba para ir al bosque a cortar leña, y se dijo:

"Ojalá tuviera a alguien que me ayude a llevar el carro."

"Yo Papá." - respondió Pulgarcito - "Yo llevaré el carro, confía en mi. En el momento oportuno lo tendrás en el bosque."

El Campesino, sonriendo dijo:

"Cielos hijo, ¿Cómo podrías hacer eso? Eres demasiado pequeño para llevar las riendas del caballo."

"Descuida Papá; si Mamá lo engancha bien, yo me sentaré cerca de la oreja del caballo y le diré al oído por dónde debe ir."

"Muy bien." - Respondió el Campesino - "Probemos tu idea hijo."

Dicho esto, la Mamá enganchó el carro y colocó a Pulgarcito en la oreja del caballo, luego, este le dijo por donde tenía que ir. A Pulgarcito le fue tan bien, que parecía un conductor de gran experiencia que iba hacia el bosque sin problema alguno.

Al doblar en un lugar del camino, Pulgarcito iba gritando "¡Arre! ¡Arre!", y por ahí cera, pasaban dos forasteros. Uno de ellos dijo:

"¿Que? ¿Ves eso?. Ahí va un carro, y alguien parece estar arreando al caballo, sin embargo, no veo a nadie conduciéndolo."

"Que extraño." - Respondió el otro forastero - "Sigamos el carro para ver dónde a donde va."

Pero hasta que hablen, el carro se internó en pleno bosque, y llegó al sitio donde estaba la leña cortada por su Padre. Cuando Pulgarcito lo vio, dijo:

"Hola Papá, ¿ves que si pude llegar con el carro?. Ayúdame a bajar del caballo por favor."

El Padre, tomó las riendas con la mano izquierda y con la derecha, tomó a su hijo. Pulgarcito se sentó feliz sobre una hilo de hierba. Cuando llegaron los dos forasteros, vieron a Pulgarcito y se quedaron tan sorprendidos que no supieron qué decir. Luego, ambos se escondieron y se dijeron el uno al otro:

"Oye, ese pequeño podría hacer una gran fortuna en la ciudad, si cobramos por enseñarlo. Vamos a comprarlo a aquel tipo."

Dicho y hecho, se acercaron al campesino y le dijeron:

"Hola amigo, estamos interesados en aquel pequeño. Te lo compramos, descuida, que te pagaremos bien, además, estará muy bien con nosotros."

El Campesino respondió:

"No señores. Es mi hijo y no lo vendería ni por todo el oro del mundo."

Pulgarcito, al oír la propuesta, se trepó por la ropa de su padre, se colocó en su hombro y le dijo en voz baja al oído a su padre:

"Véndeme Papá, yo sabré cómo regresar a casa."

"Pulgarcito, ¿pero que estás diciendo?. Eres mi hijo, no podría hacer eso" - Dijo su padre sorprendido.

"Confía en mi Papá,  nada malo me pasará." - Respondió Pugarcito.

El campesino, confiado de su hijo Pulgarcito, entregó a aquellos forasteros a su pequeño hijo a cambio de una gran cantidad de oro. Los forasteros, le preguntaron a Pulgarcito:

"Bien pequeño, ¿donde quieres sentarte?"

"Sobre el ala de un sombrero, ahí podré caminar de lado a lado y disfrutaré del paisaje sin caerme." - Respondió Pulgarcito.

Dicho y hecho, los forasteros aceptaron, luego, emprendieron su viaje sin parar hasta el anochecer. De pronto, Pulgarcito les dijo:

"Señores, bájenme un momento por favor, que tengo que hacer una necesidad."

El hombre que lo llevaba respondió:

"Descuida, no me importa. Las aves también me dejan caer a menudo algo encima."

"No." - Respondió Pulgarcito - "Yo tengo buenos modales, así que por favor, bájenme ya."

El hombre, se quitó el sombrero y puso a Pulgarcito cerca a un sembrado al borde del camino. Tras unos minutos de silencio, Pulgarcito se metió en una madriguera que había localizado desde arriba, y les dijo:

"¡Bueno señores, aquí yo me quedo, sigan sin mí!"

Los hombres molestos, buscaron y buscaron pero todo fue en vano. Pulgarcito se había escondido tan bien que no lo pudieron ver, y como la oscuridad, era prácticamente total, se vieron obligados a irse con las manos vacías.

Cuando Pulgarcito estuvo seguro de que se habían marchado, salió de la madriguera, y se dijo:

"Es peligroso atravesar estos campos de noche. Seria facil caerme y hacerme daño."

Mientas caminaba, tropezó con una concha vacía de caracol y se dijo:

"¡Hurra!, aquí podré pasar la noche sin peligro alguno."

Dicho y hecho, Pulgarcito se metió dentro del caparazón. Cuando ya estaba quedándose dormido, escucho unos pasos de unos hombres que a la vez decían:

"Y bien, ¿cómo haremos para robarle al cura rico todo su oro y plata?"

"¡Yo sé cómo!"- Gritó Pulgarcito.

"¿Quien dijo eso?" - dijo uno de los ladrones asustados al no ver a nadie - "Podría jurar que escuche a alguien hablar."

"Aquí abajo." - Dijo Pulgarcito - "Llevenme con ustedes y les ayudaré."

 Los ladrones se agacharon, encontraron a Pulgarcito sobre la caracola, y lo alzaron hasta ellos. Uno de ellos le dijo:

"Bueno, ¿y cómo vas a ayudarnos tu enano?"

"Escuchen bien señores, llevenme a aquel lugar, y yo me deslizaré por las cañerías hasta la habitación del cura, y les daré todo oro y plata cuanto quieran. ¿Fácil verdad?"

"Bien, veamos que puedes hacer."

Cuando llegaron a la casa del cura, Pulgarcito se introdujo en la habitación y gritó con todas sus fuerzas diciendo:

¿Quieren todo lo que hay aquí?!"

Los ladrones se asustaron y le dijeron:

"¡¡¡¡Shhhhh.....!!!!. Baja la voz si no despertarás a alguien."

Pero Pulgarcito, haciendo como si no entendiera, continuó gritando y decía:

"¡¡¿¿Cómo dicen??!! ¡¡¿¿Quieren todo lo que hay aquí??!!"

Mientras Pulgarcito seguía en lo suyo, la Cocinera, que dormía en la habitación de al lado, oyó sus gritos, así que levantándose de su cama, se disponía a ver que sucedía. Los ladrones notaron su sombra moverse y asustados creyendo que eran guardias, se alejaron un poco. Al poco rato, tras ya no ver la sombra, regresaron y se dijeron:

"Ese enano intenta burlarse de nosotros."

Y regresando por donde dejaron a Pulgarcito, le dijeron en voz baja:

"Oye enano, déjate de bromas y danos alguna cosa de valor."

Pulgarcito, nuevamente se puso a gritar con todas sus fuerzas y dijo:

"¡Sí, les voy a dar todo! ¡Vamos, metan las manos y ya!"

La Cocinera nuevamente escucho la bulla pero con más claridad, y de inmediato, saltó de su cama y se acercó corriendo hacia la puerta. Los ladrones muy atemorizados por ver a alguien caminando en la casa, huyeron rápidamente. La Cocinera mientras caminaba no veía nada, así que fue a encender una vela. Cuando regresó, no logró ver a Pulgarcito, ya que se había escondido en el pajar. La Cocinera después de haber registrado todos los rincones y al no encontrar nada, regreso a su cama y supuso que todo fue un mal sueño.

Mas luego, Pulgarcito, busco donde descansar en aquella paja para que mañana vuelva con sus padres, y tras acomodarse bien, Pulgarcito durmió placidamente.

Al odia siguiente, la criada de la casa despertó temprano para dar de comer a los animales, y se encaminó al pajar, luego, tomó una brazada de heno, la misma donde estaba Pulgarcito quien estaba tan profundamente dormido que no sintió que lo llevaban, hasta que despertó cuando una Vaca estaba masticándolo.

"¡Cielos cielos!" - dijo Pulgarcito - "¡¿Que está pasando aquí?!"

Pero tras sus intentos, Pulgarcito solo le quedo evitar ser triturado por los dientes de la Vaca, más no de ser tragado. Cuando llegó al estomago, Pulgarcito se dijo:

"¿Donde estoy?, esta habitación es tan pequeña y no tiene ninguna ventana que entre el sol o deje ver luz alguna."

Pulgarcito, estaba muy incomodo, pero lo peor era, que seguía llegando más y más paja al estomago y el espacio se iba reduciendo. Pulgarcito muy asustado gritó con todas sus fuerzas:

"¡No echen más paja! ¡No echen más paja!"

Una de las criadas que ordeñaba a la Vaca, oyó los gritos, pero no veía a nadie, y al acercarse más la Vaca, notó que el grito provenía de ella. Se asustó tanto, que cayó del taburete y derramó toda la leche. De inmediato corrió hacia el dueño de la casa y le dijo:

"¡Señor Cura, Señor Cura! ¡la vaca ha hablado!"

"¡Eso es imposible señorita!" - Respondió el Cura.

Tras insistirle y ver en pánico a la chica, el Cura se dirigió junto a ella al establo para ver que ocurría. Cuando llegaron, nuevamente escucharon:

"¡No echen más paja! ¡No echen más paja!"

El Cura muy estupefacto, también se asustó, y suponiendo que era obra del diablo, y ordenó sacrificar a la Vaca.

Al poco rato, cuando la Vaca fue descuartizada, el estómago fue arrojado al estiércol. Pulgarcito hacia grandes esfuerzos por salir, cuando logró sacar la cabeza, se topó con otra desgracia. Un Lobo hambriento estaba cerca del lugar, y al avistar el estómago, se lo comió de un solo bocado, incluyendo a Pulgarcito.

Pulgarcito no desesperó, y se dijo:

"Quizá este Lobo sea comprensivo si le converso."

Y, desde el fondo de su estomago, Pulgarcito le dijo:

"¡Amigo Lobo!, ¡sé donde hallar comida exquisita para ti!"

"¿Eh?, ¿dónde está aquella comida?" - preguntó el Lobo.

"En una casa la cual te guiaré. Solo tienes que entrar por una trampilla de la cocina y encontrarás delicias como tortas, tocino, pollos asados, patos, pescado fresco y más, todo lo que desees comer."

El Lobo aceptando, dejo que Pulgarcito le guie, curiosamente, era hacia la casa de sus padres.

Cuando llegó de noche, entró por la trampilla de la cocina y yendo hacia la despensa, comió de todo hasta estar muy lleno y satisfecho. Cuando ya quiso irse, no se dio cuenta que había engordado tanto, que ya no cabía por el mismo sitio. Pulgarcito, que lo tenía bien calculado, empezó a patear y a gritar desde la barriga del lobo. El Lobo incomodo le dijo:

"Oye, ¿puedes quedarte quieto?, vas a despertar a todo el mundo."

"¡Ni hablar!" - respondió Pulgarcito - ¿No has disfrutado lo suficiente?, ahora me toca divertirme."

Y de inmediato, Pulgarcito se puso a gritar con todas sus fuerzas. Sus gritos fueron tan fuerte que despertaron a sus padres, que rápidamente corrieron hacia la despensa y al ver al Lobo por la rendija. el campesino buscó su Hacha y su esposa su Hoz.

"Quédate detrás de mí querida." - dijo el hombre al entrar en la despensa - "Primero le daré con el Hacha, y si no muere, lo acabas con tu Hoz."

Pulgarcito al oír a su padre gritó:

"Papá, Papá! ¡Estoy en la barriga del Lobo!"

"¡¿Pulgarcito?!, ¡nuestro querido hijo está dentro de aquel Lobo!" - Dijo el campesino muy sorprendido, y para no herir a su hijo, el campesino dio un buen golpe en la cabeza al Lobo que lo dejo muerto.  Su esposa buscó unas tijeras, y abrió el estomago del Lobo cuidadosamente, y por fin, Pulgarcito quedó libre.

Pulgarcito hijo!, ¡no sabes lo preocupados que estábamos por ti!" - Dijo el campesino.

"Lo siento mucho Papá, pero ya estoy aquí. No se imaginan las aventuras que he vivido." - Respondió Pulgarcito.

"¿Pero dónde has estado hijo?" - Pregunto el campesino.

"En muchos lugares: En un bosque y una caracola, en un pajar, en el estómago de una Vaca y en la barriga de un Lobo. Pero ya estoy por fin con ustedes." - Dijo Pulgarcito.

"Si hijo, ahora estamos juntos todos en familia. Jamás te volveremos a vender, ni por todo el oro del mundo." - Dijo su padre muy conmovido.

La madre de Pulgarcito, los abrazo a ambos con mucho cariño. Luego, bañaron, cambiaron de ropas a Pulgarcito porque las que tenia estaban muy gastadas, y fueron a comer y de beber juntos en familia.


FIN