El Caballero Carmelo

Hace mucho, en un día tranquilo después del desayuno, apareció Roberto, el hermano mayor que después de mucho tiempo regresaba a casa. Salimos muy alegre a recibirlo, él traía muchos regalos. Cuando le preguntamos sobre su regalo para Papá, él nos dijo "No le he traído nada." Luego, Roberto sonrió y dijo al criado: "Amigo, trae al Carmelo." Nosotros estábamos curiosos por saber quien era aquel "Carmelo", y resulto ser nada mas y nada menos que un hermoso gallito, que, al poco instante de ser liberado, agitó sus alas, y de inmediato soltó un gran canto: "¡Corocoroooooooooo!". Así, entro a nuestro hogar este nuevo intimo amigo de nuestra querida infancia, cuya memoria perdura aun en nuestro hogar como una sobra alada y triste: "El caballero Carmelo"

Una tarde, mi Padre nos dio una curiosa noticia. Habíamos aceptado una "apuesta". El Carmelo iría a pelear contra otro Gallo mas fuerte y joven que él, "el Ajiseco". El Carmelo ya estaba en casa por tres años, él, había envejecido bastante mientras nosotros habíamos crecido. Aun me pregunto, ¿por qué aquella crueldad de hacerlo pelear?. Cuando llegó el temible día, todos en casa estábamos tristes. Mi madre se decía una y otra vez: "Oh cielos, que crueldad". Mis demás hermanas solo lloraban.

"¡Cien soles la apuesta caballeros, hagan sus apuestas!" - Se escuchaba de aquellas voces embriagadas por el dinero. La mayoría de las apuestan eran a favor del adversario del Carmelo. Al poco rato, se inicio la pelea. El Ajiseco hizo el primer ataque, su fuerza de pelea se hizo notar considerablemente en el Carmelo y en una de sus piernas que dejaba un hilo de sangre que corría hacia el piso, sin embargo, el Carmelo aun no estaba vencido. Como Soldado herido, el Carmelo ataco de inmediato y de un gran ataque, dejo muerto al Ajiseco al instante. "Viva el Carmelo!" se oía de la muchedumbre. Halagos y gozos, sin embargo, nuestro Carmelo no estaba bien.

Tras dos días de la pelea, el Carmelo estuvo sometido a todo cuidado por la critica batalla. Le dábamos maíz, pero el pobre no podía comerlo ni incorporarse. Pasado unos días, el Carmelo se levanto, abrió sus brillantes y majestuosas alas y cantó, luego, estiro sus bellas patitas y mirándonos amorosamente, y a los pocos segundos, murió. Nosotros, no echamos a llorar.

Así paso por nuestro mundo aquel amigo tan querido de nuestra niñez. Nuestro gran y valiente amigo, "El Caballero Carmelo".